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    Síndrome del Cuidador: cómo afrontar el cambio de roles

    Una profesional de Grupo La Alfaguara acompaña a una usuaria de la Residencia María Auxiliadora / GLA

    Una profesional de Grupo La Alfaguara acompaña a una usuaria de la Residencia María Auxiliadora / GLA

    El envejecimiento y la aparición de enfermedades degenerativas como el Alzheimer o la demencia senil afectan a la vida de una persona en todos los sentidos. También a la de las personas de su entorno y, muy especialmente, a su cuidador y los familiares más directos. 

    Al deterioro físico y cognitivo hay que sumar la tensión emocional que produce un cambio de roles en ambas direcciones. La figura tradicional del cuidador (madres y padres) se convierte en la de la persona cuidada. Y viceversa, quienes han tenido el rol emocional de ser cuidados como hijos – incluso en etapa adulta – se convierten ahora en el cuidador.

    Puede parecer una situación natural inherente a la vida, pero no siempre es fácil asumir esa responsabilidad, sobre todo, cuando el nivel de dependencia es elevado. En la mayoría de los casos incluso exige que la persona que asume la carga principal del cuidado se vea obligada a abandonar su trabajo fuera de casa, reducir su tiempo de ocio personal y modificar hábitos y patrones de conducta.

    Todo eso se traduce en desgaste físico y emocional fruto del nivel de estrés y esfuerzo que supone cuidar a un mayor dependiente, lo que actualmente se conoce como Síndrome del Cuidador Quemado -.  Por eso, antes de que se llegue a una situación límite que repercuta en la propia salud del cuidador es necesario identificar una serie de síntomas y prever soluciones a éstos.

    ¿Identificas algún síntoma del Síndrome del Cuidador Quemado?

    • ¿Te enfadas con facilidad con la persona enferma, con el resto de miembros de la familia e incluso con los médicos cuando algún tratamiento no tiene los efectos deseados e inmediatos?
    • ¿Has abandonado actividades placenteras para ti y cada vez te apartas más de la vida social que tenías antes?
    • ¿Sientes ansiedad al afrontar el día a día, al pensar en el futuro o te cuesta todavía asumir la nueva situación y niegas la gravedad de la enfermedad de la persona que cuidas?
    • ¿Tus emociones son cada vez más negativas y depresivas, llegando a afectar tu capacidad de adaptación y superación?
    • ¿Notas cansancio y fatiga hasta el punto de que no logras completar las tareas necesarias?
    • ¿Tienes cambios de humor muy bruscos?
    • ¿Te falta la concentración para realizar tareas habituales?
    • ¿Sientes soledad, sobre todo, si la persona que cuidas es tu cónyuge?
    • ¿Te avergüenzan algunos comportamientos de la persona enferma?
    • ¿Vives en un estado constante de impotencia al sentir que no consigues resultados en la lucha contra la enfermedad pese a tus esfuerzos?

    Cuanto más síes hayas obtenido a la hora de plantearte estas preguntas, las posibilidades de que el cuidado de tu ser querido se convierta en un problema físico y mental también aumentan proporcionalmente para ti.

    Es el momento de actuar, no sólo poniendo soluciones a los problemas que hayan aparecido, sino previendo la aparición de nuevos.

    ¿Qué recursos pueden ayudar a superar el Síndrome del Cuidador Quemado?

    En Grupo Alfaguara llevamos a cabo terapias pioneras con animales para  mejorar el cuidado de los mayores. / GLA

    En Grupo Alfaguara llevamos a cabo terapias pioneras con animales para mejorar el cuidado de los mayores. / GLA

    La mejor ayuda es admitir que la necesitas y dejarte ayudar. A partir de ahí se pueden generar tantos recursos como demanden las circunstancias.

    • La aceptación es el primer paso para dejar de sufrir. Recordar que nuestros padres y madres cubrieron todas nuestras necesidades durante gran parte de nuestra vida nos hará sentir una profunda gratitud y entender que ahora nos toca a nosotros cuidar de ellos, haciendo todo lo posible para garantizarles una buena calidad de vida.
    • Solicita atención profesional para ti también. Compartir tus pensamientos y estados emocionales con un psicólogo te ayudará a desarrollar técnicas de crecimiento personal.
    • Delega y comparte responsabilidades. Aunque las circunstancias te obliguen a asumir la mayor parte de carga en el cuidado, eso no significa que el resto de miembros familiares o personas del entorno no puedan también realizar tareas complementarias o puntuales en momentos de mucho esfuerzo.
    • Entiende la importancia de que tú también tengas tu tiempo sin sentirte culpable por ello. Respétalo y disfrútalo.
    • Recuerda que existen recursos especializados en el cuidado de mayores y personas dependientes: centros de días, terapias ocupacionales y residencias.

    En Grupo Alfaguara estamos a tu disposición para escuchar tus necesidades y ayudarte a encontrar servicios que complementen tu valioso trabajo como cuidador.

     

    Laura Ortega de la Torre
    Terapéuta ocupacional en la Residencia y Centro de Día María Auxiliadora.

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