Te llamamos
  • 958 98 02 48 info@laalfaguara.com
  • quienes-somos-img3

    EL SENTIMIENTO DE CULPA TRAS INGRESO EN RESIDENCIA (1/2)

     

    El sentimiento de culpa, en cualquier circunstancia de la vida, aparece cuando se produce un choque entre el modelo ideal de conducta interiorizado y lo que se hace en realidad. Se produce una confrontación entre lo que nos han enseñado que debíamos hacer y lo que en realidad tenemos que hacer.

    Se trata de una vivencia interna que se produce ante la creencia de haber infringido un principio ético o normal social. Este sentimiento es sin duda, uno de los muchos que nos van a aflorar en el momento de ingresar a nuestro familiar en un centro, especialmente, si se trata de un Centro Residencial donde el mayor no regresa a casa.

    Esta culpa por los ingresos en una institución irá decreciendo gradualmente con el paso de los años debido a los nuevos modelos asistenciales (cada vez mayor aceptación de los centros residenciales) y al estilo de vida actual el cual no permite el cuidado de nuestro familiar en el hogar ni la dedicación que este necesita.

    Los cuidadores a menudo sienten que llevar a la persona a una residencia es una traición. El pensamiento general es el que debería haberse hecho cargo por más tiempo y se sufre ese sentimiento de culpa.

    Usuaria con su hija. Ambas totalmente adaptadas tras un periodo difícil al principio.

    Residente e hija totalmente adaptadas al funcionamiento del centro

     

    ¿Qué nos puede provocar el sentimiento de culpa?

    Los principales síntomas que indican que este sentimiento no se está gestionando de manera adecuada son:

    • Físicos: Dolor de estómago, opresión en el pecho, dolor generalizado.
    • Emocionales: Nerviosismo, desasosiego, agresividad, etc.
    • Cognitivos: Reproches, acusaciones a si mismo.

    ¿Por qué aparece el sentimiento de culpa?

     

    • Ruptura de una promesa: En ocasiones, los cuidadores se comprometen al cuidado de su familiar y posteriormente se ven obligados a la ruptura de dicha promesa. Es importante recordar que las promesas fueron hechas probablemente en una situación completamente diferente, cuando no tenía idea de lo que podría suceder en el futuro.
    • Comparación con otros cuidadores: Hablar con otros cuidadores puede ayudar si bien, no se debe dejar que otras personas que aún cuidan en casa influyan en nosotros. En primer lugar, cada situación y cada enfermo es diferente y no se debe comparar nuestro caso con el de los demás. En ocasiones se tiene a comparar con otros casos los cuales no tienen nada que ver en su enfermedad con el de nuestro caso o bien nuestra situación vital no se parece en nada a la del otro cuidador.
    • “Qué dirán”: Esta afirmación se encuentra muy arraigada, especialmente en los pueblos y en familias actuales. En estos casos las personas que juzgan son totalmente ajenas al núcleo familiar. Dichos comentarios de vecinos o conocidos generan dudas al ingreso y posteriormente.
    • Hechos pasados: En muchas ocasiones, los sentimientos afloran tras el ingreso o la pérdida del familiar si bien estos tienen que ver con la historia previa o la relación entre el cuidador y la persona cuidada.
    • Hechos pasados: En muchas ocasiones, los sentimientos afloran tras el ingreso o la pérdida del familiar si bien estos tienen que ver con la historia previa o la relación entre el cuidador y la persona cuidada.
    • Metas excesivamente altas: Debemos ser conscientes que no existe el cuidador perfecto. No se puede pensar que es posible atender a todas las demandas y resolver todas las necesidades. En el momento en que nuestros cuidados no profesionales no son suficientes no debemos esperar a recurrir a los cuidados expertos.
    • Dedicación de tiempo a si mimo: Pensar que no se tiene tiempo para cuidar a un familiar pero si para salir a tomar algo, ir al cine o atender aficiones. Se debe recordar que estos aspectos son PARTE FUNDAMENTAL del bienestar emocional y que, por tanto, no debemos dejarlos de lado.
    • Recelo ante el centro: El dejar a un familiar ante personas desconocidas, en un lugar desconocido y del cual sólo conocemos lo que hemos visto en las visitas previas. Ante esto es muy importante la confianza y la transparencia que el centro muestre previamente al ingreso y por supuesto, tras este.
    • Disconformidad entre hermanos: Si la decisión del ingreso es consensuada entre todos salvo por una persona, esta tenderá a sentirse más culpable ya que, pese a aceptar la decisión del resto,  aún permanece su rechazo y su recelo. Aceptará la decisión pero no la compartirá.
    • Otros:
      • Culparse de la enfermedad del familiar.
      • Deseo de que fallezca la persona cuidada.
      • Discusiones entre familiares.
      • Distancia entre la persona enferma y el cuidador.

    ¿Qué estrategias podemos emplear para superar la culpa?:

    • Identificar los sentimientos.
    • Analizar sus causas
    • Expresarlos
    • Aceptarlos
    • Saber perdonarse y conocer los límites como cuidadores.
    • Aprender a escuchar las críticas y las sugerencias.

     

    Javier Ortiz Hernández

    Director La Alfaguara Salar

    Licenciado en Psicología y Máster en Gerontología Social

    EL SENTIMIENTO DE CULPA TRAS INGRESO EN RESIDENCIA (2/2)
    Mientras yo viva, mi padre no irá a una residencia