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  • EL SENTIMIENTO DE CULPA TRAS INGRESO EN RESIDENCIA (2/2)

    Usuaria y familiar

    Usuaria y familiar disfrutando de su tiempo en la residencia La Alfaguara Salar

    INGRESO NO ES ABANDONO

    El traslado a una residencia no tiene por qué implicar una renuncia a los cuidados sino una delegación de parte de estos (especialmente para los que no estamos cualificados) siendo muy importante la participación desde otros campos.

    El tiempo dedicado puede ser de más calidad y más especial, menos estresante y menos centrado en los aspectos prácticos del cuidado. En estos momentos en los que se puede producir un mayor acercamiento entre el residente y sus familiares.

    El hecho de ingresar a un mayor en un centro no es una elección sino una opción que se presenta ante la imposibilidad de prestar unos buenos cuidados en el entorno familiar.

     

    RESIDENCIA VS CULPA

    Una residencia nunca sustituirá al hogar. Partiendo de esa premisa debemos de ser conscientes de nuestras limitaciones y, una vez se tome la decisión del ingreso, confiar en el equipo de profesionales.

    Lo primero es confiar en el centro y para ello hay que conocerlo desde dentro, convivir con ellos dentro de él y conocer su parte humana, la forma de trabajar, sus virtudes y sus errores así como convivir con el resto de usuarios.

    Para esto es muy importante lo que el centro nos permita realizar dentro de este. En el momento en que veamos que nuestro familiar está siendo bien atendido y querido por los profesionales del centro consideraremos que la idea del ingreso era la mejor posible y abandonaremos el sentimiento de culpa.

    Debemos tener en cuenta que por muy adaptado que se encuentre en el centro, siempre va a preferir el encontrarse en su domicilio y por tanto, aparecerá el chantaje emocional.

    En los casos en los que las personas ingresan con una actitud poco colaboradora o bien con principios de demencia se produce una dicotomía entre lo que nos dicta la razón y lo que sentimos. En estos casos aún más debemos confiar en los cuidados recibidos.

     

    TESTIMONIO PERSONAL

    El ingresar a uno de tus mayores en una residencia, es duro…. Muy duro, tanto para ese ser querido, como para aquel que toma la difícil decisión. Hay que luchar tus propios sentimientos. Hay que ser fuerte ante los ojos que te miran implorantes, y hay que hacer oídos sordos ante aquellos que te dicen: “yo jamás lo abandonaría en una residencia” (esto es duro, es una puñalada trapera). Desde mi experiencia como familiar, aprendí dos cosas fundamentales: A CONFIAR Y A DESCONECTAR. Hay que confiar en el centro y sus cuidadores eso es importantísimo. Una vez se consigue esa confianza, hay que desconectar: cuando se sale por la puerta del centro, tras la visita, hay que vivir tu propia vida, y si ocurre algo, ya te llamarán. Los cuidadores JAMAS, van a suplir el amor que se les tiene como hijos, pero SI les van a dar UN CARIÑO que perciben estas personas que de repente vuelven a una infancia ya dejada hace décadas. Como dicen en la película “Y tú quien eres” (Antonio Mercero), “la afectividad, es el único lazo que les une a la vida”. Jamás me arrepentí de mi decisión, y fue uno de los momentos más duros que he vivido hasta ahora, incluso mucho más duro que el día que falleció. Creo, rectifico, estoy convencida, que los profesionales de la geriatría, están hechos de una pasta especial…… PILAR PONS (familiar)

    Testimonio tomado de: http://dependenciayterceraedad.blogspot.com.es/2012/01/residencia-versus-sentimientos.html

     

    Javier Ortiz Hernández

    Director La Alfaguara Salar

    Licenciado en Psicología y Master en Gerontología Social

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