REMINISCENCIA PASEANDO POR GRANADA

Recuerdos imprecisos de imagenes del pasado que vienen a la memoria visitando la heladería más famosa de Granada, donde los usuarios de La Alfaguara de Nívar han vivido momentos inolvidables con sus seres queridos a lo largo de su vida.

Heladería Los Italianos fue fundada en 1936 y cuenta la historia que la heladería “Los Italianos”, fue inaugurada por un emigrante días antes del estallido de la Guerra Civil, lo que implicó que “no vendieran un cucurucho” porque la ciudad no estaba para ir a comprar helados. El dueño había gastado mucho dinero en adecuar el local por lo que en guerra o no, había que vender helados como fuese después de la inversión realizada, por lo que decidió contratar a las jóvenes más guapas de Granada para que atendieran en el mostrador.

Llevan  80 años en el mismo sitio, es un negocio familiar de origen italiano que en un principio se fundó como “la veneciana” pero todo el mundo los conoce como los italianos. La dueña de la empresa familiar y sus hermanas, recuerdan el origen de la heladería de más éxito en Andalucía, negocio al que le han salido varios novios en todas las ciudades, pero la cuarta generación de la familia todavía se resiste a convertir la heladería en una marca y divulgar el secreto de los helados por otros rincones lejanos a Granada .

      Aprovechamos para agradecer la invitación a nuestros mayores que a través de los sentidos se trasladaron al pasado y abrieron el almacén de los recuerdos.

 

Mónica Vergara Pérez
Responsable Terapia Ocupacional
UED para personas mayores La Alfaguara – Nívar

CÓMO UNA EXPERIENCIA SE CONVIERTE EN APRENDIZAJE DE LA VIDA DIARIA

 

Hola, soy Lucía Samaniego psicóloga sanitaria, y hoy quiero compartir con vosotros mi experiencia. Hace casi dos años tuve la gran suerte, y digo “gran suerte”, porque hoy en día lo es; de encontrarme con grupo La Alfaguara, un centro de día para personas mayores. Al principio pensé, el típico centro donde se cuida de las personas mayores de forma rutinaria y se vela por su bienestar. Pero cuando apenas llevaba un par de semanas instalada, pude darme cuenta de que éste no podía ser el “típico” centro si te encuentras:

Con lunes que no son el principio de la semana, sino nuevos días, de superación, carisma y oportunidades.

Con un comedor donde no solo se reparten vitaminas o pastillas; también energía y risas a borbotones. Sin duda, el complemento energético básico para toda la semana.

Con baños donde te maquean y te quitan años.

Sillones, sillas y taburetes que no sirven para sentarse, sino para sostener el peso de los años y de toda una vida entera.

Con sonrisas que dibujan sonrisas.

Miradas que TRASPASAN, y cuando digo traspasan, me refiero a esas que llegan y se quedan para siempre.

Con besos y abrazos infinitos: en cada puerta, en cada sala, de cada persona del centro; de esos que reconfortan y no sólo dan cariño, de los que te dicen, sigue adelante, estoy contigo, estamos aquí.

Con familiares que miran desde fuera todo este trabajo, y luego, sin decir palabras, agradecen con gestos que reconocen el buen hacer, nuestro buen trabajo.

Con usuarios, es decir, con personas de experiencia, que no dejan de enseñarte cada día que la vida no se mide en años, sino en MOMENTOS. Personas que no se olvidan de tu esencia aunque no sepan ni tu nombre ni el suyo. Que se pierden cada pocos segundos pero vuelven a encontrarse en cada una de tus palabras. Que de repente, no entienden nada, se enfadan, gritan y lloran; pero cogen tu mano con plena confianza y te siguen como si no hubiera pasado nada. Que aprenden contigo y te enseñan por el camino. Que bailan y cantan como nadie y te invitan a pasear por la vida al ritmo de sus coplas favoritas. Que dan todo sin esperar nada a cambio. Que se aferran a la vida por eso, por MOMENTOS como los que compartimos todos aquí cada día.

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Y como no, con trabajadores, perdón, quise decir COMPAÑEROS. Pero no me refiero a esos que comparten estancia en un mismo lugar, estudios, un trabajo o una misma afición… Me refiero a los que acogen con los brazos abiertos desde el primer día; a los que no se cansan de repetir para enseñarte; a los pacientes; a los que escuchan y se ponen en el lugar del otro; a los que cogen el humor como filosofía para todo; a los buenos trabajadores, que apoyan y te reafirman en el trabajo; a los que ayudan en su trabajo y en el tuyo; a los que te demuestran que te quieren y te apoyan de verdad… Me refiero, a éste EQUIPO, a mi equipo durante estos casi dos años; porque no hay nada mejor que estar en el mismo equipo para crear los mejores MOMENTOS. Sentir que tienes un grupo de compañeros que te facilita el camino para enriquecerte como persona y como profesional, sólo puede conseguirse con uno de estos equipos.

A esto es a lo que me refiero cuando digo experiencia como aprendizaje de vida.

“No son los años los que nos hacen madurar, ni las experiencias vividas… sino lo que somos capaces de aprender de ello”. Y yo, sin duda, he aprendido con “ELLOS”: equipo La Alfaguara.

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                                                                                                              Mil veces, GRACIAS.

Lucía Samaniego Gavilán
Licenciada en Psicólogía – U.E.D. La Alfaguara Baza

 

EL SENTIMIENTO DE CULPA TRAS INGRESO EN RESIDENCIA (2/2)

Usuaria y familiar

Usuaria y familiar disfrutando de su tiempo en la residencia La Alfaguara Salar

INGRESO NO ES ABANDONO

El traslado a una residencia no tiene por qué implicar una renuncia a los cuidados sino una delegación de parte de estos (especialmente para los que no estamos cualificados) siendo muy importante la participación desde otros campos.

El tiempo dedicado puede ser de más calidad y más especial, menos estresante y menos centrado en los aspectos prácticos del cuidado. En estos momentos en los que se puede producir un mayor acercamiento entre el residente y sus familiares.

El hecho de ingresar a un mayor en un centro no es una elección sino una opción que se presenta ante la imposibilidad de prestar unos buenos cuidados en el entorno familiar.

 

RESIDENCIA VS CULPA

Una residencia nunca sustituirá al hogar. Partiendo de esa premisa debemos de ser conscientes de nuestras limitaciones y, una vez se tome la decisión del ingreso, confiar en el equipo de profesionales.

Lo primero es confiar en el centro y para ello hay que conocerlo desde dentro, convivir con ellos dentro de él y conocer su parte humana, la forma de trabajar, sus virtudes y sus errores así como convivir con el resto de usuarios.

Para esto es muy importante lo que el centro nos permita realizar dentro de este. En el momento en que veamos que nuestro familiar está siendo bien atendido y querido por los profesionales del centro consideraremos que la idea del ingreso era la mejor posible y abandonaremos el sentimiento de culpa.

Debemos tener en cuenta que por muy adaptado que se encuentre en el centro, siempre va a preferir el encontrarse en su domicilio y por tanto, aparecerá el chantaje emocional.

En los casos en los que las personas ingresan con una actitud poco colaboradora o bien con principios de demencia se produce una dicotomía entre lo que nos dicta la razón y lo que sentimos. En estos casos aún más debemos confiar en los cuidados recibidos.

 

TESTIMONIO PERSONAL

El ingresar a uno de tus mayores en una residencia, es duro…. Muy duro, tanto para ese ser querido, como para aquel que toma la difícil decisión. Hay que luchar tus propios sentimientos. Hay que ser fuerte ante los ojos que te miran implorantes, y hay que hacer oídos sordos ante aquellos que te dicen: “yo jamás lo abandonaría en una residencia” (esto es duro, es una puñalada trapera). Desde mi experiencia como familiar, aprendí dos cosas fundamentales: A CONFIAR Y A DESCONECTAR. Hay que confiar en el centro y sus cuidadores eso es importantísimo. Una vez se consigue esa confianza, hay que desconectar: cuando se sale por la puerta del centro, tras la visita, hay que vivir tu propia vida, y si ocurre algo, ya te llamarán. Los cuidadores JAMAS, van a suplir el amor que se les tiene como hijos, pero SI les van a dar UN CARIÑO que perciben estas personas que de repente vuelven a una infancia ya dejada hace décadas. Como dicen en la película “Y tú quien eres” (Antonio Mercero), “la afectividad, es el único lazo que les une a la vida”. Jamás me arrepentí de mi decisión, y fue uno de los momentos más duros que he vivido hasta ahora, incluso mucho más duro que el día que falleció. Creo, rectifico, estoy convencida, que los profesionales de la geriatría, están hechos de una pasta especial…… PILAR PONS (familiar)

Testimonio tomado de: http://dependenciayterceraedad.blogspot.com.es/2012/01/residencia-versus-sentimientos.html

 

Javier Ortiz Hernández

Director La Alfaguara Salar

Licenciado en Psicología y Master en Gerontología Social

EL SENTIMIENTO DE CULPA TRAS INGRESO EN RESIDENCIA (1/2)

 

El sentimiento de culpa, en cualquier circunstancia de la vida, aparece cuando se produce un choque entre el modelo ideal de conducta interiorizado y lo que se hace en realidad. Se produce una confrontación entre lo que nos han enseñado que debíamos hacer y lo que en realidad tenemos que hacer.

Se trata de una vivencia interna que se produce ante la creencia de haber infringido un principio ético o normal social. Este sentimiento es sin duda, uno de los muchos que nos van a aflorar en el momento de ingresar a nuestro familiar en un centro, especialmente, si se trata de un Centro Residencial donde el mayor no regresa a casa.

Esta culpa por los ingresos en una institución irá decreciendo gradualmente con el paso de los años debido a los nuevos modelos asistenciales (cada vez mayor aceptación de los centros residenciales) y al estilo de vida actual el cual no permite el cuidado de nuestro familiar en el hogar ni la dedicación que este necesita.

Los cuidadores a menudo sienten que llevar a la persona a una residencia es una traición. El pensamiento general es el que debería haberse hecho cargo por más tiempo y se sufre ese sentimiento de culpa.

Usuaria con su hija. Ambas totalmente adaptadas tras un periodo difícil al principio.

Residente e hija totalmente adaptadas al funcionamiento del centro

 

¿Qué nos puede provocar el sentimiento de culpa?

Los principales síntomas que indican que este sentimiento no se está gestionando de manera adecuada son:

  • Físicos: Dolor de estómago, opresión en el pecho, dolor generalizado.
  • Emocionales: Nerviosismo, desasosiego, agresividad, etc.
  • Cognitivos: Reproches, acusaciones a si mismo.

¿Por qué aparece el sentimiento de culpa?

 

  • Ruptura de una promesa: En ocasiones, los cuidadores se comprometen al cuidado de su familiar y posteriormente se ven obligados a la ruptura de dicha promesa. Es importante recordar que las promesas fueron hechas probablemente en una situación completamente diferente, cuando no tenía idea de lo que podría suceder en el futuro.
  • Comparación con otros cuidadores: Hablar con otros cuidadores puede ayudar si bien, no se debe dejar que otras personas que aún cuidan en casa influyan en nosotros. En primer lugar, cada situación y cada enfermo es diferente y no se debe comparar nuestro caso con el de los demás. En ocasiones se tiene a comparar con otros casos los cuales no tienen nada que ver en su enfermedad con el de nuestro caso o bien nuestra situación vital no se parece en nada a la del otro cuidador.
  • “Qué dirán”: Esta afirmación se encuentra muy arraigada, especialmente en los pueblos y en familias actuales. En estos casos las personas que juzgan son totalmente ajenas al núcleo familiar. Dichos comentarios de vecinos o conocidos generan dudas al ingreso y posteriormente.
  • Hechos pasados: En muchas ocasiones, los sentimientos afloran tras el ingreso o la pérdida del familiar si bien estos tienen que ver con la historia previa o la relación entre el cuidador y la persona cuidada.
  • Hechos pasados: En muchas ocasiones, los sentimientos afloran tras el ingreso o la pérdida del familiar si bien estos tienen que ver con la historia previa o la relación entre el cuidador y la persona cuidada.
  • Metas excesivamente altas: Debemos ser conscientes que no existe el cuidador perfecto. No se puede pensar que es posible atender a todas las demandas y resolver todas las necesidades. En el momento en que nuestros cuidados no profesionales no son suficientes no debemos esperar a recurrir a los cuidados expertos.
  • Dedicación de tiempo a si mimo: Pensar que no se tiene tiempo para cuidar a un familiar pero si para salir a tomar algo, ir al cine o atender aficiones. Se debe recordar que estos aspectos son PARTE FUNDAMENTAL del bienestar emocional y que, por tanto, no debemos dejarlos de lado.
  • Recelo ante el centro: El dejar a un familiar ante personas desconocidas, en un lugar desconocido y del cual sólo conocemos lo que hemos visto en las visitas previas. Ante esto es muy importante la confianza y la transparencia que el centro muestre previamente al ingreso y por supuesto, tras este.
  • Disconformidad entre hermanos: Si la decisión del ingreso es consensuada entre todos salvo por una persona, esta tenderá a sentirse más culpable ya que, pese a aceptar la decisión del resto,  aún permanece su rechazo y su recelo. Aceptará la decisión pero no la compartirá.
  • Otros:
    • Culparse de la enfermedad del familiar.
    • Deseo de que fallezca la persona cuidada.
    • Discusiones entre familiares.
    • Distancia entre la persona enferma y el cuidador.

¿Qué estrategias podemos emplear para superar la culpa?:

  • Identificar los sentimientos.
  • Analizar sus causas
  • Expresarlos
  • Aceptarlos
  • Saber perdonarse y conocer los límites como cuidadores.
  • Aprender a escuchar las críticas y las sugerencias.

 

Javier Ortiz Hernández

Director La Alfaguara Salar

Licenciado en Psicología y Máster en Gerontología Social

Mientras yo viva, mi padre no irá a una residencia

     El título de este texto es una frase que escucho con cierta frecuencia cuando digo que me dedico profesionalmente al colectivo de mayores, seguidamente se acompaña con un “pobrecitos”  o con un “qué lástima”.  Esto me hace detenerme y reflexionar sobre la causa de esas afirmaciones.

¿Por qué existe todavía ese rechazo social hacia las instituciones que se dedican al sector?

¿Dónde está el problema?

¿Será el desconocimiento hacia las instituciones?

     Quizás un día vieron en prensa una mala noticia que hablaba de una mala praxis en un centro y generalizó su rechazo a todo el sector. O tal vez, piensan que ingresar a un mayor en una residencia es abandonarlo hasta que cumpla sus días.

     La verdad es que no puedo concluir afirmaciones acerca de esta negativa asociada a dichos centros, pero sí puedo hablar de mi experiencia como profesional del sector.

    Ejerzo como  animador sociocultural en una residencia de mayores, en la que también acuden usuarios en calidad de estancia diurna. La animación sociocultural es un proceso de cambio, que nos permite diseñar, ejecutar y evaluar actividades pensadas para cubrir una serie de necesidades detectadas en el diagnóstico de un colectivo, con un carácter participativo que pretende activar de forma individual y voluntaria a los individuos de un grupo. Tiene la finalidad de alcanzar una mejora en  cuanto a calidad de vida, sin olvidar las características individuales y culturales de los principales agentes del proceso, en este caso, las personas mayores.

     Creo firmemente en la necesidad humana de educar durante todas las etapas del ciclo vital, facilitar aprendizaje y empoderamiento para lograr cambios significativos y beneficiosos para el alcance del bienestar. Las residencias o los centros de estancia diurna, hoy día, se convierte en un recurso necesario tanto para el mayor como para la familia.  Un espacio pensado y creado para cubrir las necesidades incipientes en esta última etapa del desarrollo humano.

     Siendo así cuando me dicen “pobrecito” o “qué lástima”, sólo puedo contestar diciendo que estoy muy feliz por trabajar con personas mayores, por conocer sus individualidades y hacer los espacios y materiales lo más inclusivos posibles,  por erradicar el sentimiento de soledad y por formar parte de un nuevo sentimiento que se despierta (te quiero aunque no me toques nada). A esa gente que sólo ve negativo, también les puedo decir, qué me levanto cada día con la intención de dar a los residentes el máximo de mí para que vivan cada día como si fuera el último.

     Por tanto,  si me paro a pensar en qué me da pena, quizás me la despierten aquellos que no tienen acceso o facilidad para ser partícipes de una residencia como la nuestra.

 

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José González Molina
Técnico en Animación Sociocultural
Residencia y Unidad de Estancia Diurna La Alfaguara – Salar

Cuidando al cuidador

Edad y dependencia están estrechamente relacionadas, por lo que el envejecimiento de la población y los cambios en las formas de organización de la familia, nos llevan al realce del papel desempeñado por las personas cuidadoras.

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En diferentes estudios se ha constatado que los cuidadores perciben peor su estado de salud que la población general, siendo más deficitario lo relacionado con la vitalidad (sensaciones de falta de energía o agotamiento) y el dolor corporal,  afectando su calidad de vida y pudiendo provocar consecuencias psicoemocionales, sociales y económicas importantes.

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Por lo cual, como una propuesta para mejorar su bienestar, y en compromiso con el cuidado de la salud ocupacional, la Dra. Danira Martínez (Médico Mexicana, Magíster en Gerontología) ha desarrollado en el Grupo La Alfaguara – un programa de diez sesiones grupales semanales dirigidas a los auxiliares formales de la Unidad de Estancia Diurna de Nívar y la Residencia de Salar, basadas en Educación Somática, con énfasis en el Método Feldenkrais, enfocadas principalmente a disminuir los dolores de espalda y las contracturas musculares; sistema de aprendizaje basado en la estimulación de la plasticidad sináptica por medio de la atención y consciencia corporal a través de pequeños movimientos que no conllevan esfuerzo ni malestar.

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Los resultados han sido muy satisfactorios, manifestando el alto compromiso de la Dirección por el bienestar de su equipo de trabajadores, y demostrando que son propiamente los centros de trabajo los lugares idóneos para establecer programas de promoción de la salud.

Dra. Danira Martínez

TALLER INTERGENERACIONAL: ELABORACIÓN DE MANTECADOS

   Han pasado ya casi cuatro meses desde Navidad y aún tenemos en la memoria la alegría de actividades propias del momento…

Llegan los niños con su gritos y alegría innata, puro jolgorio… Se ilumina el rostro y en el corazón se despiertan recuerdos, vivencias de años pasados… Da igual que llueva, granice e incluso nieve en La Alfaguara, la memoria empieza a trabajar y la felicidad inunda los corazones de mayores y niños.

Empieza el intercambio entre diferentes generaciones, se comparten habilidades, conocimientos y experiencias todo se transforma en ternura y protección se abre el almacén de los recuerdos y roles… madres, padres, abuelos…

“¿Este niño me recuerda a mi hijo? ¿Mi nieto? Da igual. ¡Estoy feliz!”

           Se respiran vínculos de utilidad, autoestima, ayuda, compartir mutuamente se unen las manos pequeñitas de querer aprender, tocar, explorar junto con las manos de la sabiduría. El tacto me lleva a tantas navidades amasando harina, manteca, almendras para culminar con unos ricos dulces que degustaran mi esposo, hijos y los roles de la vida se despiertan madre, esposa, hija, cuidadoras y protectores de familias que están ahí en el almacén de los recuerdos. Los observo, trabajan motricidad fina, gruesa, coordinación… Pero sobre todo despiertan la felicidad, ternura, amor, protección… Me siento feliz, es un taller con muchos beneficios terapéuticos para todos, a merecido la pena  el esfuerzo de mis alumnos, compañeros, y sobre todo de María Dolores panadera de nuestro pueblo vecino Alfacar que le ha dado la vida muchos roles… Madre, empresaria, abuela pero siempre esta contenta, feliz, nunca pierde la sonrisa… No dudó ni un momento de venir a enseñarnos a colaborar en hacer felices a nuestros mayores y a los angelitos del colegio de Nívar, gracias al director y a la profe que siempre están dispuestos  a que los niños aprendan valores que no los dan los libros, los enseña el trabajo mutuo entre generaciones de diferentes edades… Gracias a todos por hacer que me sienta muy orgullosa de ser Terapeuta Ocupacional en La Alfaguara.

 

Mónica Vergara Pérez
Responsable Terapia Ocupacional
U.E.D. La Alfaguara – Nívar

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